Dante... También sin adoquines

Dante - Xilografía
(Grabado en madera - 35 x 50 cm.)

Hace tiempo me fui lejos de mis sierras y caminos de tierra, en busca de aires nuevos. Y a veces, esta desconcertante ‘mujer’ esquiva y exigente que es, Buenos Aires, hace que mi memoria me devuelva caprichosamente a los recuerdos.

En este difuso aún, ‘mientras tanto’ que puja entre la conservación y la picota, siento por momentos, que mi mirada confluye convocada por los pasillos de mi pasado. Los transito sin pisarlos mientras me camino por dentro y me detengo ante las puertas interiores y sin embargo, una extraña fascinación que quisiera descifrar, me gana, me tironea y me coloca en ese mismo y reciente ayer.

Verifico que hoy es más difícil encontrar puertas abiertas para adelantar la mirada y corroboro que nunca nos hemos alejado tanto. Porque ellas siguen proveyendo su presente, en ocasiones ayudadas por contemporáneos elementos, y en otros eventos, se puede trasvasarlas en el momento ínfimo de la acción de ‘entrar y salir’: robar la imagen del pasillo en un instante, algo así como ejercer la apariencia de un arte efímero.

No llevo cámara fotográfica. El registro va directo sin escalas a la memoria. Una exposición que dura sólo segundos, un interés disimulado para no incomodar a quien, sin saberlo, me está abriendo las puertas de mis propios recuerdos.

Los habitantes de estos pasillos, las ‘formas’ invisibles de las aulas que dan a ellos, son quienes sin duda, guardan una cantidad apreciable de baldosas escolares incipientemente desgastadas en sus memorias. Historias de personas, de muchos seres con nombre y apellido que el tiempo me quitará sin atenuantes.

( No sé por qué anoté que la intimidad de esos corredores, es el lugar donde acuden e ignoro también, si el sitio geográfico existe o tiene que ver con tiempo alguno).

Busco… Indudablemente, me busco. Jugando con la versatilidad de los años ceniza me encuentro y traigo de mi registro el cotidiano de aquellos que ya no están, para que regresemos a casa, a los mismos pasillos de la Dante, los compañeros y profesores.

Tanto para decir -y darme cuenta- que quizá mi predilección por la galería tenga su raíz en la Dante, donde desandamos gran parte del tramo que nos toca del Camino.

Aulas y puertas de aulas; patio de cemento y tierra; baños compartidos, rincones verdes, hierba al sol y siempre el pasillo. Ese maravilloso mecanismo de invención humana que llevaba fuera, y que en un segundo era capaz de permitir el tránsito hacia adentro.

Corredores para entrar a clases o salir al recreo; para distraerse y galería para buscar el refugio en un aula en la que cohabitábamos casi 20 personas con la rebeldía adolescente y los sueños de tiza de punta tosca e inconclusa.

Entre las salidas y regresos por esos imantados pasillos, nos jugamos aventuras de creativas ‘ilegalidades’. Aún recuerdo el sonido de las pisadas, las corridas desaforadas y el palpitar del corazón libre, al poder sentirlo posible.

Entonces decía, mi mirada puede estar alimentada por esos pasillos –y no otros- acuñados en el tiempo, aunque hoy transite otros pavimentos y adoquines que también, lentamente, se extinguen.

(Noticias de Buenos Aires. Lo bello y antiguo se desmantela sin miramientos).

Un puñado de olas acomodadas, -paralelo en dimensión ignota a mí misma-, da origen a una escalera que bien pudiera ser de caracol…pero no es.-Cortázar lo intuía y por eso escribió ‘Instrucciones para subir una escalera’-. Importa que el pasillo invite, y que luego lleve, transporte, hacia algún lugar de la Tierra.

Me gustan los corredores, me voy por ellos ¿acaso la Vida no deja de ser un estrecho pasillo para algunos y anchuroso, para otros? Sospecho de ellos, quizá, sea el origen de mi historia y de alguna ‘otra’, que a mí se parece.

En esta Arquitectura de la locura veloz (cada vez que escribo la palabra ‘velocidad’ pienso en la película de Marcelo Schapces ‘La velocidad funda el olvido’), en este planeta globalizado, busco mi escueto refugio. Pasillo al fondo, donde sobreviven los ecos de palabras y sueños. Ecos de los ecos de lo que ha sido y es y otra vez, replegado sobre sí mismo, volverá a ser.

Allí, quizá descanse la clave para comprender que el dudoso y humano ‘todo vale’ es parecido a una mendacidad nada aparente. En la Dante existen, siguen pre-existiendo, mis pasillos, la posibilidad de la memoria, de la resistencia, del compromiso, la sonrisa inalterable y la solidaridad. Hoy llamo a todo ello por su nombre: Militancia.

Siempre las llevo conmigo; mis ‘patrias internas’ quizá se identifican, o mejor, se fundan, en la hilera porosa y gris de los ‘guardadores’ de pasos sobre esa mujer tan amada como mi Buenos Aires del inicio de este Relato: ‘La Dante’, ella también sin adoquines…

(( 2 de Junio de 1946 - Establecida por Referéndum la República en Italia))

1 apreciaciones:

Acuarela | 13 de septiembre de 2009, 0:30

Este texto me ha parecido buenísimo... tienes un estilo que me gusta mucho.